Golpeara a Dios,
con sus puños de mármol bruto,
y Dios mirara displicente,
al grano verse el desierto,
jauría septentrional rondándole las espiraciones,
para que agosto le entre como lava
a los sesos.
Fue afonía pútrida,
y la voluntad de una generación de eunucos,
con hilos de voz haciéndole loas al ruido,
mas que importa la miseria espiritual,
y la sarna carmín decorando el cuerpo,
Hans dice y soporta, soy la muerte
con la vida bajo las botas.
No tendrá nada que anhelar,
y eso no hará de el un sabio,
solo un triste de verde amargo,
el pasajero desaliñado viajando a la republica de las ausencias,
y sin embargo el mundo bullirá,
para que los desolados tomen mates luctuosos,
de agua hervida.
En el lugar del hígado, un parnaso,
en el lugar de Dios, Mohamed Ali derrotando a Foreman,
donde la sabiduría, en olvido anestésico,
donde Hans era feliz, un calvario cromático de lo absurdo,
sintaxis maravillosa de un demonio Pessoa,
boca cerrada de hablar el silencio.